Guía completa
El líquido que casi nadie revisa
El refrigerante se cambia una vez en el concesionario al comprar el coche y, a partir de ahí, muchos conductores no vuelven a pensar en él hasta que algo falla. Con el tiempo pierde sus propiedades anticorrosivas, deja de proteger igual de bien contra la congelación y el sobrecalentamiento, y puede acabar dañando piezas caras del sistema: radiador, bomba de agua, termostato, intercambiador de aceite.
No todos los anticongelantes son intercambiables
Cada fabricante especifica un tipo concreto. El G12, G12+, G12++ y G13 corresponden al grupo VAG (Volkswagen, Audi, Seat, Skoda, Cupra) y son compatibles entre sí. El OAT azul es habitual en Toyota y Mazda; el HOAT amarillo, en Ford. Mercedes y BMW usan sus propias variantes, y Peugeot-Citroën tiene la suya. Mezclar tipos distintos no es solo una cuestión de etiqueta: las reacciones químicas entre familias diferentes precipitan partículas que terminan tapando el radiador.
Para saber cuál corresponde, lo más fiable es el manual del vehículo, la etiqueta del depósito de expansión si el fabricante la incluye, o una consulta por matrícula en el taller. Si el coche es de segunda mano y no hay forma de estar seguro, lo más prudente es un purgado completo y rellenar desde cero con el tipo correcto.
Cambio simple o purgado completo
El cambio simple vacía el depósito y el radiador, mezclando en torno a un 70% de líquido nuevo con el 30% que queda retenido en el motor. Es suficiente si el mantenimiento se hace cada 4-5 años sin saltarse ningún ciclo. El purgado completo vacía también el bloque motor y es la opción recomendada si nunca se ha hecho, si se cambia de tipo de refrigerante, o si el sistema muestra signos de contaminación.
Por qué en un coche de uso urbano se nota más
Con el vehículo circulando, el aire que entra por la parrilla ayuda a refrigerar aunque algún componente no esté al cien por cien. Parado en un atasco, esa ayuda desaparece y todo el peso cae sobre el electroventilador y sobre un termostato que tiene que abrir en el momento justo. Un refrigerante degradado, con sus propiedades ya mermadas, deja menos margen precisamente cuando el sistema más lo necesita — y eso se traduce, en la práctica, en el testigo de temperatura encendiéndose en pleno atasco de la M-50 en un día de calor.
Señales que conviene no ignorar
Un testigo de temperatura pide parar el motor y revisar, no seguir circulando esperando que se resuelva solo. Un depósito que baja sin ninguna mancha visible por debajo del coche merece una prueba de presión antes de seguir rellenando: puede ser el principio de un problema de junta de culata, y ese sí es de los que empeoran con la espera.